En barrapunto, a diferencia de en el espacio, todo el mundo te puede oi’r gritar.

Los flames, los trolls y las quejas son frecuentes.

De los dos primeros, mejor pasar, que, en la mayor’a de los casos, lo úœnico que persiguen sus autores es una efí’mera notoriedad.

Pero de las œúltimas, a veces, merece reseñ–arse alguna cosa.

Es el caso que hoy nos atañ–e.

El dí’a 15 de septiembre, los moderadores de barrapunto pasaron a portada un artí’culo de un pobrecito hablador (usuario anó—nimo, vaya) titulado Me equivoquŽé al estudiar Ingenier’a Informá‡tica.

Los que leen habitualmente esta secció—n, saben que mi actitud hacia los programadores, desarrolladores y administradores de sistemas es de franca simpatí’a, pero no por ello no me voy a permitir echar una jarra de agua frí’a sobre todos aquellos que asintieron con la cabeza y murmuraron: “Oh! Cuá‡nta razó—n tiene!” al leer el mencionado art’ículo.

Aparte de deplorar la falta de mujeres en la carrera (queja baladí’ donde las haya: me parece de una superficialidad inexcusable matricularse en una carrera con la idea de poder ligar), el autor arremete contra todo lo arremetible, haciendo especial hincapiéŽ en las condiciones de trabajo, los compañ–eros y los jefes.

De las condiciones laborales, destaca el mal salario y los contratos basura, de los compa–ñeros denosta a los arribistas y pelotas; y de los jefes, su falta de conocimientos y escrúœpulos que hacen que el desarrollo de las funciones del programador sea un infierno.

Por supuesto que, si este escrito cayese en manos de un contable, profesor de academia privada, tornero o cualquiera que trabajase por cuenta ajena, la reacció—n inmediata serí’a el de : “y quéŽ? Si todos estamos igual” y no le faltar’á razó—n.

La sola idea de que por ser informá‡tico y haber estudiado una carrera hace uno merecedor de mejores condiciones de trabajo que el resto de la poblaci—ón, incluyendo a todos los demá‡s trabajadores que hayan estudiado otras carreras, es poco realista y, lo que es peor, pretencioso.

Hay una estadí’stica por ahí que dice que hoy en d’ía una carrera no mejora las posibilidades de encontrar trabajo.

Ah’ es nada.

Tendrá‡, pues, un licenciado en informá‡tica m‡ás derecho al trabajo o a mejores condiciones que uno de filologí’a, fí’sica o veterinaria?

¿Tendrᇠderecho a no trabajar con gente que le desagrada? ¿Tendrá derecho a que no le cambien las directrices de un proyecto empezado? ¡Anda!
¿Y eso dó—nde se ha escrito?

Pero lo peor de la diatriba es cuando se pone personal y reniega de las implicaciones emocionales del ejercicio de la programació—n.

Aislamiento y la falta de reconocimiento son las principales causas de la desdicha del autor.

Pues mira por donde, Van Gogh muri—ó só—lo y pobre como una rata.

Miguel Ángel nunca pasó— de ser una funcionario a sueldo del papa.

Edgar Allan Poe acab—ó sus dí’as confuso y olvidado por familia y amigos en un hospital de Baltimore.

Sí’, es duro programar, sí’, nadie parece darse cuenta del esfuerzo que entrañ–a.

Valiente novedad.

Mi padre era pintor y me acuerdo que en la serie “Verano Azul” habí’a un personaje que era pintora (que me aspen si me acuerdo de como se llamaba y que me aspen dos veces si voy a perder el tiempo busc‡ndolo en Google) y en un cap’ítulos andaba deprim’idísima la mujer.

Tení’a un cuadro a medio pintar de la cara de un payaso (!) al cual le faltaba la boca (!!).

En eso que entra Chanquete y para tratar de animarla dice que se va a llevar el cuadro, supongo que para venderla.

Ella dice: “¡Pero si le falta la boca!” y éŽl dice “Pues se la pintas en un momento y ya está”.

Mi padre se cubrió— la cara con las manos.

No séŽ si queda claro el sí’mil.

¿Te sientes aislado?

Pues en el mundo del software libre tenemos una cosa llamada comunidad que suele arrimar el hombro en proyectos que merecen la pena.

¿Crees que no se valora tu trabajo?

Pues tambiéŽn tenemos una cosa llamada “meritocracia” que significa que se te valora por lo que haces, no por lo que tienes.

Tal vez el autor deberí’a considerar contribuir a alguna causa de este mundo, si no lo hace ya.

Así’ que, no lloremos, sigamos trabajando, que si hacemos algo que valga la pena, tarde o temprano se nos reconocerá aunque sea despuéŽs de muertos.